
Algunas nuevas medidas laborales que vienen cambiarán el escenario profesional. Adaptarse al registro obligatorio de entrada y salida en el trabajo supone aceptar la vuelta de un sistema decimonónico de control y gestión que generará más 'presentismo' y que va contra los nuevos modelos de actividad, la productividad, la flexibilidad laboral, la meritocracia y la consecución de resultados.
Mientras Richard Branson, el emprendedor en serie y fundador de Virgin, confía en sus empleados y les anima a que se tomen todo el tiempo de vacaciones que quieran, cuando quieran, siempre que hayan hecho su trabajo, en España retrocederemos a partir de mayo unas cuantas décadas en lo que se refiere a ciertos logros que ha costado instalar en las compañías, y que tienen que ver con el trabajo flexible (incluido el teletrabajo), los modelos de actividad independiente, la productividad y la valoración por resultados o las nuevas fórmulas de recompensa.
Todo eso se evaporará cuando su empresa le obligue a fichar al entrar y salir de la oficina, porque esta es la consecuencia que tiene reconocer como derecho laboral básico de cada empleado el hecho de "conocer la duración y la distribución de su jornada ordinaria de trabajo, así como su horario". Implica asimismo la obligación, por parte de la compañía, de registrar la jornada de cada trabajador con un registro diario.
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