
Las víctimas de acoso optan dejar su trabajo ante la falta de políticas de recursos humanos eficaces y el escaso apoyo de jefes y compañeros.
John solía ser un apasionado de su trabajo. Ahora se plantea dejarlo. Esto se debe a que su superior en la universidad lleva tiempo discriminándole frente a sus compañeros y estudiantes, una conducta que él considera acoso laboral. En su día llegó a pensar que este comportamiento "estúpido" no podría con él. John, que prefiere mantenerse en el anonimato, reconoce que ha pedido una baja por depresión. "Solía ser muy entusiasta. Ahora me siento totalmente agotado".
Parece evidente que las empresas deben hacer un esfuerzo mayor para proteger a las víctimas de acoso laboral si no quieren seguir perdiendo talento. Según un informe publicado esta semana en la cadena británica BBC, las universidades gastan millones de libras en acuerdos de confidencialidad para zanjar casos de acoso y abusos sexuales. El movimiento #MeToo sacó a la luz un problema arraigado en el entorno laboral y ayudó a las trabajadoras a denunciar el acoso sexual. El año pasado, después de conocerse el despido de veinte socios británicos por mala conducta, David Sproul, consejero delegado de Deloitte, reconoció que "lamentablemente, varios socios han sido despedidos por conducta inapropiada".
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