
Ni un cenizo ni demasiado emocionado. La virtud está en el justo medio. Parecer muy satisfecho y alardear de ello en el trabajo le puede acarrear dificultades con sus compañeros o con su jefe.
Usted es muy libre de adoptar la pose que quiera en el trabajo. Puede demostrar sus emociones o tal vez decida ser auténtico... Incluso demasiado auténtico.
Algunos creen que lo más oportuno es mostrarse muy felices... Demasiado satisfechos. Y ese exceso de felicidad, que en ocasiones resulta chocante, puede acarrear dificultades con el jefe o los compañeros de trabajo.
No se trata de alabar al cenizo, ya que éste forma parte de la fauna tóxica de la oficina que nos amarga la vida. Aunque no compensa ser el tipo de profesional que crea más conflictos de los que puede resolver; que muestra una sinceridad excesiva acerca de sus problemas personales; o que hace pública su negatividad hacia los compañeros, el trabajo, el jefe o incluso su vida privada, tampoco compensa ser un yonqui del buen rollo.
'Buenismo' falso
Regino Quirós, socio director de Be Up, cree que "el exceso a la hora de mostrar nuestra satisfacción laboral se identifica con buenismo y con falsedad. La clave es cuál es la intención y qué emoción se decide expresar. Tiene que ver con lo auténtico que es uno. Además, la capacidad de los demás para detectar la coherencia es muy grande. Una cosa es generar buen rollo y otra es la del que se excede aparentando felicidad o presume de lo bien que vive. Es un tóxico fácil de detectar. O es real o sólo un gran actor puede hacer esto".
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