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jueves, 21 de diciembre de 2017

* > (962) Compruebe sus conocimientos. Vestibular (Parte I) UNITAU 2015

Esperando a la generación del Muro 

Tiramos chocolatinas a los guardias mofletudos de Alemania del Este que hacen guardia (¿contra quién?, ¿para defender qué?) sobre un muro que desde ayer es ya algo inútil. Las apartan con las botas. Uno de los berlineses que está a mi lado vuelve a intentarlo: ‘¿No quieres un cigarrillo occidental?’. Tímido rechazo. Yo le pregunto: ‘¿Por qué estás ahí?’. Me responde: ‘Las solicitudes de entrevista deben hacerse por adelantado, a este lado y al suyo”. 

Son frases anotadas en mi cuaderno. Instantes absurdos del momento más trascendental de nuestra época. En alemán, todos los sustantivos se escriben con mayúscula, de modo que cualquier pared es "Mauer". En español hay muchos muros, pero sólo un Muro. El que cayó la noche del jueves 9 de noviembre de 1989. 

Algunas de mis notas las publiqué años después y por eso las recuerdo: la pareja de provincias, jadeante y sin aliento, que preguntó: “Perdone, ¿es esta la salida?”; el hombre que subía por Friedrichstrasse gritando “¡28 años y 91 días!” (el tiempo que había vivido al otro lado del Muro); el cartel improvisado que proclamaba: “Hoy termina verdaderamente la guerra”. 

Pero me había olvidado de otras cosas, y algunas resultan incómodas para la leyenda de la liberación. Por ejemplo, durante un debate en un famoso teatro de Berlín Este, tres días después de la caída, Markus Wolf, alias Mischa, el histórico jefe de espías germano oriental que unos años antes, tras jubilarse, había apoyado las reformas de Gorbachov, defendió todavía a la Stasi. 

¿Qué puede saber la persona que estaba allí entonces que no sepan los historiadores o los que han venido después? Sobre todo, lo que se sintió, algo que, en el caso del Muro, no es tan fácil de comunicar como parece. Cualquiera puede imaginar cómo era desembarcar en una playa de Normandía bajo el fuego de las ametralladoras de la Wehrmacht, esquivando minas y sabiendo que cualquier instante podía ser el último. 

Desde luego que fue un momento importante para Berlín Oeste y para los alemanes occidentales en general, pero el día fundamental para ellos, el de la unificación, llegó casi un año más tarde, el 3 de octubre de 1990, después de que la mayoría de los orientales votaran a favor y Helmut Kohl y George H. W. Bush lo negociaran con Gorbachov. El día de la caída del Muro supuso la liberación para quienes estaban detrás, no para quienes vivían a este lado. 

Por tanto, lo importante era el otro lado del hormigón, la pared que la gente no había coloreado con aerosoles, pero que había tratado de trepar poniendo en peligro su vida. La emoción de aquel día sólo se entiende si se imagina lo que era para una persona vivir tras aquella “muralla de protección antifascista” (su mentiroso nombre oficial), sin haber pisado jamás la mitad occidental de su propia ciudad y con la perspectiva de seguir así durante años. 

Esa es otra cosa que ni los mejores historiadores logran transmitir del todo: el sentimiento de lo que no se sabía entonces. Para quienes vivían al otro lado del Muro, este se había convertido casi en los Alpes, un rasgo geográfico aparentemente inmutable. Incluso cuando las cosas empezaron a cambiar drásticamente en Polonia y Hungría, la mayoría de la gente siguió pensando que aquellos Alpes no podían desmoronarse. Los sostenía un imperio nuclear. En el verano de 1989, después de visitar Varsovia y Budapest, fui a ver a un pequeño círculo de amigos disidentes en Berlín Este, ya que por fin me habían concedido un visado que durante mucho tiempo me habían negado. “Bueno”, dijeron, pesimistas, “tal vez esté pasando en Polonia y Hungría, pero aquí no es posible”. 
Disponível em: http://internacional.elpais.com/internacional/2014/11/07/actualidad/14153 77638_393059.html. Acesso em 26/11/2014. 

QUESTÃO 31 Señala la alternativa que completa correctamente la frase a continuación. Los guardias no podían responder a las preguntas que les hacían porque___________________________. 

I. son mofletudos que hacen guardia a un muro ya inútil. 
II. no hablan español. 
III. no tienen permiso. 
IV.no se les ha solicitado entrevista con antelación. 
V. no les gustan los berlineses. 

a) Solamente I, II y III están erradas. 
b) Solamente II y III están correctas. 
c) Solamente I y V están correctas. 
d) Solamente III y IV están correctas. 
e) Solamente I, IV y V están correctas. 

QUESTÃO 32 Lo que el autor del texto considera más difícil de expresar con relación a la caída del muro es 
a) la sensación que tuvieron los que desembarcaron en la Normandía bajo el fuego de ametralladoras. 
b) esquivarse de minas y saber que cada instante podía ser el último. 
c) el sentimiento de los que vivieron aislados en su propia ciudad dividida por casi 30 años. 
d) la defensa que hizo Markus Wolf de la Stasi. 
e) la actitud de los guardias del muro que rechazaban a las personas con botazos.

Seleccione y compruebe sus respuestas:

Q31-d
Q32-c

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