Algunas acciones, comportamientos, modos de ser y de trabajar, actitudes, situaciones en eventos y reuniones, ineficiencias, incapacidades, malas prácticas y peores aptitudes se convierten en sumideros por los que se cuela su credibilidad y buen nombre profesional. Le pueden dejar expuesto a las habladurías, a la mala fama y a una imagen de marca personal nefasta que será muy difícil de borrar.
La cena de Navidad es el agujero negro más típico, y puede tragarse su reputación profesional. Pero hay otras ocasiones y situaciones nefastas para su credibilidad: una noche aciaga de copas con el jefe y los compañeros, algún exceso en un viaje de trabajo, o la verborrea que inevitablemente genera la máquina del café, centro del vómito tóxico y de buena parte de los rumores de oficina, donde uno puede coronarse como chismoso oficial. Sin olvidar la actividad poco edificante o los comentarios imprudentes en las redes sociales, que también arruinan su buen nombre profesional.
Marta Romo, socia de Be-Up, añade ciertas situaciones que se pueden dar en una organización. Nunca se sabe dónde nos podemos encontrar con alguien, y fracasar: "Un ejemplo son los cursos y talleres, sobre todo si son experienciales, y en ellos se ve la personalidad de quienes participan. Es el típico lugar en el que se descubren situaciones complicadas". Romo también se refiere al caso de los programas de mentoring, sobre todo si en ellos no se trabaja adecuadamente la relación de confianza con el mentor y se cometen algunas imprudencias o uno se va de la lengua...
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