
Destacar por sus conocimientos le convierte en un firme candidato a un ascenso, pero el talento no siempre es el mejor argumento para convencer al jefe. Influye su capacidad para ser popular y contar con una audiencia que le identifique como líder. También supone ser relevante por su compromiso, la red de contactos y su habilidad para trabajar en equipo.
Empatía y autoridad son dos de las cualidades de las que presumen los profesionales que son capaces de arrastrar a multitudes. Suelen ser los más populares en el puesto de trabajo por su talento y también por su manera de actuar. Algunos tienen un don natural -fueron los delegados de curso y los que hacían equipo en el recreo- y otros han aprendido a cultivarlo. Todo ello los convierte en firmes candidatos a un ascenso. Son los que siempre están en esa órbita a la que sólo acceden algunos privilegiados. Mantenerse en ese lugar supone un esfuerzo extra y, sobre todo, pisar con pies de plomo si no quiere morir de éxito antes de alcanzar el objetivo.
Seguro que le viene a la cabeza el nombre y hasta los apellidos de aquel colega que estuvo a las puertas de todos los ascensos una temporada y del que ahora ha perdido la pista. Una pesadilla no apta para aquellos que tratan de crecer dentro o fuera de una organización. Recuerde que conviene mantener la popularidad ganada en una empresa cuando, de una y otra manera, la abandone: tan importante es estar en la órbita de los ascensos como en la de los reclutadores cuando desea dar un giro a su carrera. Para Aritz Urresti, experto en productividad y CEO de Goalboxes, si demuestra compromiso con la empresa en la que trabaja y ofrece beneficios que sean tangibles "lo normal es ascender y ver que la competencia muestra interés por ficharle".
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